viernes, 6 de mayo de 2011

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martes, 28 de diciembre de 2010

El Indulto de "Guadalupano" por Sebastián Castella

Enorme Faena del Diestro Francés... Olé!!


México Lindo y querido... Joaquín Sabina en Guadalajara (un día antes de la cornada de Tomás en Ags.)

Uno escribe siempre la misma canción
sobre un niño con cara de viejo
que se atreve a volar bajo el cielo marrón
que agoniza detrás del espejo.

Uno inventa siempre la misma canción
del poeta borracho y su musa
del teclado mellado del acordeón
del pecado mortal sin excusas.

Uno canta siempre la misma canción
otra noche en el bar de la esquina
cerca de la estación donde duerme un vagón
cuando el tiempo amenaza rutina.

Uno rumia siempre la misma canción
como un perro ladrando a la luna
con la misma trompeta y el mismo trombón de mariachi
que no hizo fortuna.

Uno acaba nunca la misma canción
con aromas de antiguos corridos
luego llega la hora de alzarse el telón
en mi México, lindo y querido

sábado, 19 de septiembre de 2009

Quiero




Quiero desenamorarme del amor

dejar la rosa roja en el rosal

la estrella en el cielo y la luna en su lugar.


Quiero olvidar la rutina

sentado en la barra de alguna cantina

tomando un whisky sin soda con mi amigo Sabina.


Quiero tomar a Venus de Milo del brazo

escribir mil versos por noche sin destinatario

quiero tomar a tu esposa y besarla en la boca

y vestir a la maja desnuda de Goya.


Quiero poner banderillas al quiebro

y tomar el olivo corriendo con miedo

salir a hombros de tu alcoba

y dejar la resaca en el suelo con tu ropa.


Quiero olvidar el olor a suegro en la sala

ya no quiero tirar la piedra y esconder la mano

quiero olvidarme de las fechas y el itinerario

del febrero catorce y velitas de cumpleaños

quiero desenamorarme del amor,

tomar tu cintura y revivir la pasión.


Ricardo Orozco

martes, 30 de junio de 2009

Mano a Mano

Hoy te propongo un mano a mano, Sólo tu cuerpo y el mío
vestidos de carne y estrellas, partir plaza alternando conmigo
por arena tu cama o la mía, por testigo la musa torera.

Recibir de hinojos la aurora y poner banderillas al quiebro
dejándote ver por galleos, unida tu boca a la mía
escuchar el olé en las alturas.

La torera se planta en la arena y su beso prende de lejos
me embebe el carmín de su muleta y me rompe el deseo de embestir con tersura
mi instinto obedece al toque de sus dedos, bordando su faena bajo el rumor de la luna.

Dejando sobre el lecho su aroma, me estremece con doblones poderosos
y mi cuerpo se desborda al ver su figura de maja y desnuda torera,
que me brinda en su alternativa, su amor envuelto en seda y lentejuela.

Suaves naturales de mano baja, un pase de pecho como una pintura
y su faena en el tendido provoca la locura.

Monta la espada y deja tremenda estocada
me derrumbo rendido a sus pies, dejando en sus manos mi cuerpo y mi alma.

Ricardo Orozco, Junio 09

De Grana Y Oro











Miradle ahí, de pie junto a su miedo, inmóvil, inexpresivo y nervioso pero siempre sereno con la mirada perdida y su torso cubierto en seda y compromiso, con todos y uno mismo, con los suyos y sus enemigos.

De grana y oro hoy ha venido, decidido a ofrecer su propia existencia a cambio de de un olé en el tendido celestial. Miradle ahí, en el albero de la vida y la muerte, con las zapatillas fijas a la arena y la mirada fija en los ojos negros de aquel mítico burel, de sangre y pasión, como la vida misma, de llanto y dolor como el amor, de gloria como la eternidad, con dos agujas de temor y reverencia, como la misma muerte.

Miradle ahí, con torva faz, de negro y sangre, miradle de nuevo a aquel temible burel, buscando herir o sobrevivir, inmolarse con algo de dignidad, miradle ahí, con su casta brava a cuestas y la sangre hirviendo en sus venas.

Miradlos ahora en la danza interminable, en el arte efímero, majestuosa sincronía, lírica sinfonía de sentimiento y arrebato gitano, del amor y la pasión, la entrega y el valor, haciendo de un segundo una eternidad, deteniendo el tiempo con singular facilidad, pintando con tela roja una obra de arte a cada muletazo, dejando la vida en cada trazo.

Miradlos ahí ahora a ambos, hombre y burel, creando, citando, templando y mandando, muriendo y matando.
Miradlos de nuevo, naciendo a la inmortalidad.